Recogiendo la Instrucción del Departamento de Educación del Gobierno Vasco, Centro San Luis viene aplicando en su reglamento interno la no utilización del móvil en las aulas. Desde este curso, el alumnado no puede hacer uso del teléfono móvil ni de los relojes digitales durante la jornada lectiva, salvo en el recreo o una vez finalizadas las clases, y siempre fuera del centro.
Esta medida, recogida en nuestro Reglamento de Organización y Funcionamiento, nace de una convicción firme: nuestras aulas son un espacio para aprender, relacionarse y crecer. Y hemos venido observando, curso tras curso, que el móvil —con toda su utilidad— se convertía en el mayor obstáculo para conseguirlo. Por eso hemos querido dar un paso adelante y devolver a las aulas lo que mejor sabemos ofrecer: tiempo, atención y presencia.
Una decisión pensada para la Formación Profesional
En Formación Profesional esta decisión es especialmente delicada, y la hemos tomado con cuidado. Sabemos que la tecnología —el propio móvil incluido— es una herramienta de trabajo en muchos de los ciclos que impartimos, y que la digitalización forma parte de la competencia profesional que nuestro alumnado se lleva al mercado laboral. Por eso nuestra norma no busca demonizar el dispositivo, sino poner límites claros a su uso: fuera del aula, en el recreo y a la salida, siempre fuera del centro.
Lo que buscamos es proteger algo muy concreto: el tiempo de calidad dentro del aula. En Centro San Luis trabajamos con el modelo ETHAZI, que pone en el centro el reto, la experiencia y el trabajo en equipo. Este modelo exige algo que un móvil sobre la mesa dificulta enormemente: pensar con calma, dedicar el tiempo necesario a cada reto, compartir experiencias con los compañeros y compañeras, y conocer de verdad sus inquietudes e intereses. Liberar el aula de pantallas no es restar herramientas de aprendizaje: es proteger el espacio y el tiempo que ese aprendizaje necesita para darse de verdad.
Lo que la evidencia confirma
No hemos tomado esta decisión a la ligera, ni se apoya solo en nuestra observación diaria. Una revisión sistemática de la literatura académica, publicada en la Revista Complutense de Educación, ha analizado más de dos decenas de estudios internacionales y encuentra beneficios consistentes en tres frentes:
- Para el alumnado: menor dependencia del móvil, menos distracción en clase, mejores resultados académicos, más descanso y socialización en los recreos, y hasta un aumento de la actividad física.
- Para el profesorado: mejor convivencia, más atención sostenida en el aula y una reducción de conductas problemáticas asociadas al móvil.
- Para los centros: mejores resultados académicos globales y menos incidencias de vandalismo o hurtos.
El dato más relevante para nosotros como centro de Formación Profesional es este: los estudios más citados en la materia —como el de Beland y Murphy, realizado en centros ingleses y replicado también en centros españoles por Beneito y Vicente-Chirivella— muestran que la mejora académica no se reparte por igual, sino que beneficia especialmente al alumnado con más dificultades para concentrarse. Dicho de otro modo: retirar el móvil del aula no es solo una cuestión de orden, sino una de las medidas educativas de bajo coste más eficaces para reducir la desigualdad entre estudiantes. En esta línea se sitúa también la propia UNESCO, que en su Informe mundial sobre la tecnología en la educación (2023) recomienda reservar el uso de la tecnología en el aula para cuando apoye de forma demostrada el aprendizaje (World economic Forum).
Las investigaciones marcan una tendencia mayoritaria y sostenida en el tiempo que respalda con solidez la decisión que hemos tomado en Centro San Luis aplicando la recomendación del Departamento de Educación del gobierno Vasco. Y esas evidencias de las ivetigaciones coinciden, punto por punto, con lo que observamos día a día en nuestras aulas: sin la notificación constante, sin la tentación de mirar la pantalla, se recupera la concentración y la atención sostenida. Se recupera la conversación cara a cara. Se recupera la mirada puesta en quien tenemos delante, ya sea un compañero, una compañera o el profesorado que les acompaña en cada reto. Y con todo ello se recupera un aprendizajo sólido y eficaz.
Sin duda, son beneficios que no siempre se miden en una nota, pero que se notan en el ambiente del aula y en la calidad del trabajo en equipo. Y a la postre en la capacitación personal y profesional con la que encarar el futuro de cada uno de nuestros alumnos y alumnas.
Una tarea compartida, no una imposición
Somos conscientes del reto que supone para cualquier persona joven prescindir del móvil y sus notificaciones durante largos periodos de tiempo. No obstante, creemos firmemente que esta norma es, ante todo, una oportunidad que redunda en el provecho de cada alumno y cada alumna, y así queremos que se entienda.
A nuestro alumnado le pedimos responsabilidad, con la confianza de que sabrán responder a ella. No se trata de una imposición arbitraria, sino de una decisión pensada para que puedan aprovechar mejor su tiempo en el centro, concentrarse en aquello que están aprendiendo y construir relaciones más sanas con sus compañeros y compañeras, sin la mediación constante de una pantalla. La formación que reciben aquí , tanto en Formación Profesional como en Bachillerato, les prepara para un futuro laboral y académico en el que la concentración, el trabajo en equipo y la comunicación directa seguirán siendo imprescindibles mucho después de que cualquier APP haya pasado de moda.
"Son competencias que marcan la diferencia en cualquier entorno profesional: la capacidad de escuchar, de centrarse en una tarea compleja y de colaborar sin distracciones es tan valorada por las empresas como el manejo de cualquier herramienta digital.
A las familias os pedimos colaboración para que esta medida llegue a buen puerto. El alumnado pasa en el centro solo una parte de su tiempo. El resto de tardes, noches, fines de semana y vacaciones transcurre en casa, donde también se construye el hábito de un uso responsable del móvil. Que en casa se refuerce el mismo mensaje que transmitimos aquí ayuda enormemente a que la medida cale de verdad, y no se viva como una norma que solo existe entre las paredes del centro, sino como un valor compartido entre la familia y la escuela.
Lo que ganamos entre todos
Limitar el uso de los móviles en el centro durante el horario lectivo no es una medida contra la tecnología. Centro San Luis sigue apostando decididamente por la digitalización y por el uso pedagógico de los dispositivos cuando el aprendizaje lo requiere. De hecho seguimos incorporando herramientas digitales a nuestros ciclos formativos porque son parte esencial de la profesión del futuro. Lo que hacemos es, simplemente, poner cada cosa en su momento y en su lugar.
Esta es una medida de "aulas sin móvil" trabaja a favor de algo más sencillo y, quizá por eso, más urgente: un aula donde se pueda pensar sin interrupciones, donde las relaciones entre compañeros y compañeras se construyan mirándose a los ojos, y donde el tiempo lectivo se dedique, íntegramente, a aquello para lo que está pensado: ¡aprender!
Un aula sin móvil no es un aula con menos herramientas. Es, sobre todo, un aula con más comunidad, más presencia y más futuro.
La decisión de Centro San Luis no se apoya solo en la observación diaria del aula: coincide con lo que señala la investigación educativa a nivel internacional, que identifica beneficios consistentes para el alumnado, el profesorado y los propios centros. Y, sobre todo, señala que ese beneficio llega antes y con más fuerza a quienes más lo necesitan: el alumnado con más dificultades para concentrarse. Limitar el móvil en el aula no es, según toda esta evidencia, una medida restrictiva más: es una de las políticas educativas de bajo coste más eficaces para mejorar el aprendizaje y reducir la desigualdad entre estudiantes.
Gracias, alumnado y familias, por acompañarnos en este camino.